Uno de los objetivos que en todo momento debemos perseguir, es colocar nuestras piezas en las mejores casillas posibles. Una pieza mal colocada puede tener gran influencia en el desarrollo de la partida, y aunque lo más habitual es que sea una desventaja temporal, ya que de ordinario no resulta difícil hacerla entrar en juego, el tiempo necesario para mejorar la colocación de dicha pieza puede ser aprovechado por el adversario para obtener alguna ventaja, generalmente en el flanco opuesto a donde se encuentre la pieza mal colocada.

Naturalmente, la pieza que más sufre los efectos de una mala colocación es el caballo, pues generalmente su corto desplazamiento no le permite mejorar su posición con rapidez cuando se encuentra desplazado en la banda, que es de ordinario la peor colocación. La manera clásica de aprovecharlo es organizar un ataque en el flanco opuesto, ya que el caballo necesita tres tiempos para acudir a la defensa de dicho flanco.

Curiosamente las partidas entre Kasparov y Karpov son una buena fuente de ejemplos. Nada menos que en tres partidas de sus campeonatos mundiales, Kasparov logró dejar uno de los caballos adversarios como mero espectador:

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