Bobby Fischer ya fue motivo en 1993 de una magnífica película, escrita y dirigida por Steven Zaillian. Y este año fue noticia debido a su fallecimiento. Pero Fischer era sólo una figura misteriosa de la que tomar el título y no un personaje en aquel film.

El ajedrecista venció a Boris Spassky en el campeonato mundial de 1972 y esta batalla de talentos, que se tomó como un símbolo de la guerra fría, está recogida en el libro de David Edmonds y John Eidinow ‘Bobby Fischer Goes To War: How the Soviets Lost the Most Extraordinary Chess Match of All Time’ (‘Bobby Fischer va a la guerra: cómo los soviéticos perdieron la partida de ajedrez más extraordinaria de todos los tiempos’). La obra será llevada al cine de la mano de Kevin Macdonald, una vez termine ‘State of Play’.

El guión será de Shawn Slovo, mientras Tim Bevan y Eric Fellner se encargarán de la producción para Working Title, que se ha asociado con Universal para producir ‘Bobby Fischer Goes To War’. Macdonald ganó un Oscar por el documental ‘One Day in September’ y luego debutó con ‘El último rey de Escocia’ (‘The Last King of Scotland’), para rodar a continuación ‘My Enemy´s Enemy’. Después de ‘State of Play’, dirigirá el drama sobre Roma ‘The Eagle of the Ninth’. Nacido en 1943 en Chicago, hijo de inmigrantes alemanes, Bobby Fischer aprendió por sí mismo a jugar al ajedrez a partir de las instrucciones que venían en un pequeño juego que le regaló su hermana. A la edad de 7 años se unió al club de ajedrez de Brooklyn, donde su presidente, Carmine Nigro, se encargó personalmente de su formación.

Dejó el instituto sin graduarse y John W. Collins, que había sido tutor de otros jugadores sobresalientes, le aceptó como alumno y se convirtió en una figura paterna para Fischer. Pablo Morán dijo en su libro ‘Los niños prodigio del ajedrez’ que Bobby Fischer, “como niño prodigio no fue muy brillante; en cambio, como adolescente prodigio no ha tenido parangón en la historia del ajedrez”.

A la edad de 15 años, logró el título de Gran Maestro al ocupar el quinto puesto en el Interzonal de Portoroz, siendo el ajedrecista más joven en obtener esa distinción hasta ese momento. A pesar de conseguir sensacionales resultados en los torneos internacionales desde finales de los años 50, diversos factores (a veces su propio carácter, en otras ocasiones la auténtica supremacía de los ajedrecistas soviéticos) retrasaron su lucha por el título máximo.

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