«Dios mueve al jugador, y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?» J. L. Borges

Un sobre cerrado es un enigma que tiene otros enigmas en su interior. Aquel era grande, abultado, de papel manila, con el sello del laboratorio impreso en el ángulo inferior izquierdo. Y antes de abrir la solapa, mientras lo sopesaba en la mano buscando al mismo tiempo una plegadera entre los pinceles y frascos de pintura y barniz, Julia estaba muy lejos de imaginar hasta qué punto ese gesto iba a cambiar su vida.

En realidad, conocía ya el contenido del sobre. O, como descubrió más tarde, creía conocerlo. Quizá por eso no sintió nada especial hasta que extrajo las copias fotográficas y las extendió sobre la mesa para mirarlas vagamente aturdida, reteniendo el aliento. Fue entonces cuando comprendió que La partida de ajedrez iba a ser algo más que simple rutina profesional. En su oficio menudeaban los hallazgos insospechados en cuadros, muebles o encuadernaciones de libros antiguos. Seis años restaurando obras de arte incluían una larga experiencia en trazos y correcciones originales, retoques y repintes; incluso falsificaciones. Pero nunca, hasta aquel día, una inscripción oculta bajo la pintura de un cuadro: tres palabras desveladas por la fotografía con rayos X.
Cogió el arrugado paquete de cigarrillos sin filtro y encendió uno, incapaz de apartar los ojos de las copias fotográficas. No cabía duda alguna, puesto que todo estaba allí, en los positivos de las placas radiológicas de 30×40. El diseño original de la pintura, una tabla flamenca del siglo XV, se apreciaba nítidamente en su detallado dibujo con verdaccio, igual que las vetas de la madera y las junturas encoladas de los tres paneles de roble que formaban la tabla, soporte de los sucesivos trazos, pinceladas y veladuras que el artista había ido aplicando hasta crear su obra. Y en la parte inferior, aquella frase escondida que la radiografía sacaba a la luz cinco siglos después, con los caracteres góticos destacando nítidamente en el blanco y negro de la placa:
QUIS NECAVIT EQUITEM
Julia sabía latín suficiente para traducirlo sin diccionario: Quis, pronombre interrogativo, quién. Necavit procedía de “neco”, matar. Y equitem era el acusativo singular de eques, caballero. Quién mató al caballero. Con interrogación, que el uso del quis hacía evidente, dándole un cierto aire de misterio a la frase:
¿QUIÉN MATÓ AL CABALLERO?

Deja un comentario