Recientemente se ha descubierto en Magdeburgo, Alemania, unos documentos que parecen ser obra del famoso jugador de ajedrez Friedrich Bismarck, hijo menor del canciller Otto von Bismarck , con el cual no guardaba buena relación y que ordenó que le retiraran el “von” de su nombre a raíz de haber llegado tarde a casa un sábado por la noche después de haber jugado varias partidas de ajedrez y haber consumido grandes dosis de café para mantenerse despierto. Lo más grave es que debido al consumo excesivo de cafeína Friedrich Bismarck perdió algunas partidas que sin duda hubieran avergonzado a cualquier aprendiz. Su padre, haciendo honor a su sobrenombre de el canciller de hierro, no perdonó a su hijo la ligereza de manchar su honor por unas tazas de café que ni siquiera tenía denominación de origen. Sólo con el paso del tiempo y al convertirse en el gran jugador que conocemos logro retomarse la relación ya que Friedrich sustituyó el café por caramelos con sabor a limón y empezó a llevar una vida ejemplar como hijo del canciller. Aunque esta estabilidad no sería muy duradera.

Pero no nos ocupa ahora la vida de Friedrich Bismarck que ya hemos leído en tantos libros sino este hallazgo que puede satisfacer la curiosidad de todos aquellos que desean saber que había detrás de ese hombre que era capaz de jugar al ajedrez mientras su rival le lanzaba pelotitas de papel a la cara sin inmutarse o que después de superar su famosa adicción ya comentada podía participar en varias partidas simultáneas mientras traducía a Shakespeare al alemán. Con la dificultad añadida de que no sabía inglés. Sin duda un hombre así merece toda nuestra atención aunque algunos se hayan empeñado en demostrar que esas traducciones no tienen ningún sentido.

De momento, desgraciadamente, sólo podemos hablar de rumores. Al parecer el genio alemán tenía muy mala caligrafía más aproximada a un menor de seis años que no sabe alemán que a un hombre con unas capacidades ciertamente fuera de lo normal. Unos comentan que sólo se trata de un diario personal con escaso interés ya que ni siquiera parece que hable de nada más que de la ventana de cierta vecina que todavía no se ha conseguido identificar y de ciertos problemas en conseguir caramelos con sabor a café. Otros en cambio señalan que estos documentos pueden servir para desvelar la auténtica personalidad de un hombre que conocemos por sus actos y por sus numerosas anécdotas pero del cual no conocemos su pensamiento. ¿Por qué jugaba al ajedrez y no a las damas? ¿Cuando empezó su adicción al café? ¿Le ponía suficiente azúcar? ¿Era su adicción el motivo de sus continuos viajes a Colombia para celebrar, según él le contaba a su padre, algún torneo amistoso? Todo esto no tardaremos en saberlo ya que los herederos no han puesto ninguna objeción a que se publiquen estos textos mientras ellos tengan un buen porcentaje de las ventas.

Hay quienes sostienen que la imagen idealizada de Friedrich Bismarck podría quedar seriamente dañada con la publicación de estos textos ya que además de las numerosas anécdotas e historias que conocemos sobre este genio existe un lado más oscuro del jugador de ajedrez. Puede que Friedrich Bismarck sufriera ciertos problemas a la hora de relacionarse con mujeres debido a su cada vez más acentuada obsesión por el ajedrez ya que parece ser que en los últimos años de su vida se acercaba a ellas dando saltos formando un movimiento imaginario del caballo o deslizando sus pies en diagonal como si se tratase de un alfil. Obviamente resultaba un poco incómodo para cualquier dama que nuestro genio la viera sólo como una pieza más ya que cuando llegaba a ellas solía exclamar. ¡La reina es mía! e intentaba tumbarla golpeándola en la cabeza. Según algunos expertos esta obsesión se vería confirmada en los textos encontrados. Algunos párrafos parecen describir lo que sería una cita con su casero en la que Friedrich Bismarck habría acudido con un grupo de enanos alineados para protegerle como si se tratase de peones. Pero todavía resulta muy confuso el descifrado de los manuscritos y más vale que dejemos las conjeturas para otros. De momento sólo se conocen algunas frases sueltas que no desvelan la interesante personalidad de este jugador tan particular. Las frases siguientes son las únicas que los expertos han declarado definitivas:

No consigo entender los libros de Shakespeare. Deben estar escritos en una especie de código.

Tengo que comprar calcetines.

Mi vecina (ilegible) tiene unas cortinas demasiado gruesas.

He regalado a mi vecina (ilegible) unas nuevas cortinas. Se ha mostrado sorprendida. Creo que es por mi movimiento de caballo.

Seguiremos atentos a las novedades que se puedan producir.

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