Hace ya un tiempo que inicié un tema similar a este en Zona de Ajedrez. Mi propósito es seguir denunciando esta costumbre para ver si algún organizador se asusta, algún aficionado se escandaliza o si mis palabras nuevamente serán enterradas en el olvido.

Durante los últimos años realmente he jugado pocos torneos de semirápidas. Realmente no se me daban mal, solía ganar alguno que otro y significaba un ingreso extra bastante notable. Pero algo sucedió, hubo un punto de inflexión, un momento del «no retorno». En un fuerte torneo de semirápidas en Boiro (Galicia), allá por el año 2004, me encontraba en la última ronda de líder del torneo empatado con un MI cubano. Los premios eran bastante flojos (creo recordar que el primero no llegaba a 300 euros), pero el nivel era impresionante, ya que para llegar a esa situación tuve que imponerme a 3 GM, entre ellos uno de 2600 de elo FIDE (ya veis lo apretado que está esto de vivir del ajedrez).

En esa última ronda me tocó enfrentarme al cubano, Aryam Abreu, que de aquellas era MI. Si los dos entablábamos significaría que compartiríamos el primer y segundo puesto y el Bucholz decidiría. La diferencia del premio era de unos 35 euros. Antes de la partida se acerca Aryam y me propone hacer tablas sin jugar y repartir el premio. Yo no me lo podía creer (estamos hablando de 17,50 euros!) y me mostré poco predispuesto a ello. En fin, finalmente acabó contándome sus penas y glorias sobre las dificultades de los cubanos y su pobreza económica, sugiriéndome que no podía arriesgarse a perder ni un sólo euro.

Por primera vez en mi vida (y última) acepté ese lamentable acuerdo, por simple pena. Por primera vez y última fui una ratilla de los torneos de ajedrez. Por un momento me convertí en uno de esos a los que ahora critico contundentemente y creo que están acabando con el ajedrez, destrozando la imagen del juego de caballeros. Sólo queda en mi conciencia el consuelo de no haber perjudicado a terceros, ya que tal como se dieron los resultados, podría haber ganado o perdido la partida sin alterar la clasificación (exceptuando los dos primeros puestos). Pero ese simple acuerdo tuvo consecuencias. Alguien salió perjudicado: El Ajedrez. Cuando por 17,50 míseros euros se arreglan partidas, destrozando el trabajo del organizador, la ilusión del aficionado, la nobleza o imagen de las personas y la pasión por el juego…algo está funcionando mal.

Los honestos terminan dejando de jugar torneos, los ratillas son los que quedan.Yo no volví a ganar un torneo de semirápidas en mi vida (merecido castigo) y ahora, cada vez que juego uno de ellos (uno o dos al año) vuelvo a casa enfadado al ver las compras y ventas de puntos (¡en algunos casos compran las dos últimas rondas!). Juego sin ganas, asqueado y enfadado…así no tiene sentido jugar al ajedrez.

Ahora me he propuesto una nueva estrategia. Intentaré jugar esos torneos como aficionado, iré con amigos también aficionados para tener una buena comilona, un viaje agradable, fiesta… quizás así recupere la ilusión por jugar. Denunciaré todas aquellas compras de partidas que pueda demostrar (no es tarea fácil, desde luego) y me ganaré muchas enemistades entre las ratillas. A pesar de todo, os animo a que hagáis lo mismo.

Jugar al ajedrez es precioso, hay que intentar que los que actúan en contra del ajedrez desaparezcan.

Aprovecho para hacer un llamamiento al colectivo arbitral. Ellos son los que deben intervenir. A veces se pitan penaltis que no existen, pero hay que ser duros y consecuentes. Un árbitro no necesita pruebas para actuar, sólo su buen criterio.

Un saludo a todos

MI Roi Reinaldo

Cortesía de Zona de Ajedrez

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