Sebastien Feller

«Celada» en un deporte de caballeros

Cuando el ansia de victoria se apodera de uno, a veces deriva en que sólo se piense en ganar sea a costa de quien sea y haciendo lo que haga falta para lograrlo. Esto es lo que sucedió en la pasada Olimpiada de Ajedrez celebrada en Rusia donde se destapó uno de los mayores fraudes del ajedrez, un deporte supuestamente de caballeros.

El prometedor Sebastien Feller quinto del mundo en la categoría sub-20 y ganador de la medalla de oro ha sido inhabilitado tras demostrarse que hizo trampas en sus partidas. El joven Feller se ayudaba de un maestro internacional de ajedrez para anticiparse a los movimientos del rival y tomar ventaja en el tablero. Marzolo, un genio del ajedrez, estudiaba las partidas con la ayuda de un programa informático e indicaba mediante un SMS el movimiento que Feller debía hacer. Un tercero, Arnaud Hauchard seleccionador nacional galo, era el cómplice de ambos.

Cómo hacían las trampas

Feller se alzó con el triunfo tras recibir más de 180 mensaje cifrados. En estos utilizaban un código cifrado que no era otro que asignar un número a una letra y acompañarlo de un prefijo telefónico y varios números al final para que pareciese un número de teléfono real. Cabe recordar que el tablero de ajedrez está repartido en ocho cuadrículas verticales (de la A a H) y ocho horizontales (1 al 8).

Cómo les descubrieron

Joanna Pomian, vicepresidenta de la Federación francesa, fue quien destapó todo el pastel. Marzolo trabajaba para su empresa y durante una reunión olvidó su móvil y Pomian leyó sus mensajes descubriendo uno de que decía » Date prisa, envía los movimientos». El destinatario era Hauchard, seleccionador galo.

Sanciones ejemplares

Los tres tramposos han sido inhabilitados por violar la ética del deporte. La sanción más dura ha sido para Hauchard, el seleccionador francés, a quien han vetado su entrada de por vida a equipo nacional alguno. Marzolo, el genio que diseccionaba el juego, ha sido inhabilitado por cinco años, mientras que Feller, el joven ajedrecista galo estará apartado de los tableros durante tres años y además deberá cumplir dos años más haciendo trabajos para la comunidad.

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