El ajedrez es un juego complejo, de esto no cabe duda, puesto que en catorce siglos, al menos en occidente, aún no se ha llegado a todas sus posibles jugadas. Así que podemos comprender que no debe de ser nada fácil su enseñanza, de allí la importancia de que el profesor tenga muy claros los beneficios que produce su aprendizaje, tanto a niños como a adultos, ya sea en la mejora de la capacidad de concentración, de abstracción, como estimulante de la memoria y del pensamiento reflexivo, ya que incrementa notablemente la socialización.

Cuando un profesor imparte clases de ajedrez no sólo transmite los conocimientos y las técnicas, simultáneamente el alumno recibe lo que siente ese profesor por el juego-ciencia, de ahí la importancia de conocer los beneficios, ya que van a formar parte de un sentimiento que no se expresa y que favorece el crecimiento integral.

También formarán parte de este efecto la pasión que el profesor tiene por el ajedrez. Eso es lo que diferencia a unos docentes de otros, ya que el contenido es más simple de transmitir, pero cuando se une la pasión con el conocimiento hace del profesor una persona íntegra; un profesor que ama el juego-ciencia hace que el alumno mantenga la atención, se entusiasme y traslade ese entusiasmo a los demás; un profesor que siente el ajedrez como un pasatiempo más transmitirá esto también y el alumno perderá rápidamente la atención.

Antonio José Nebot, la persona que llegó a Sariñena para transmitir su pasión por el ajedrez, contagia este sentimiento que verdaderamente perciben los que forman parte del Club de Ajedrez del Casino de Sariñena y los niños de la Escuela Municipal.

MEJORAS EN LA INTELIGENCIA

Según Nebot, el ajedrez es mucho más que un juego de mesa, es un deporte que aporta muchos beneficios a los niños. En un principio se practica por diversión y entretenimiento, para mejorar la concentración, por un complemento a la educación y formación. Pero independientemente de los objetivos con los que se practica, a este deporte se le han reconocido beneficios en el desarrollo de la capacidad intelectual y de las habilidades de inteligencia emocional.

«Cuando hablamos de capacidad intelectual nos referimos a la atención y concentración, al desarrollo de la memoria, que junto a la resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, con un análisis y síntesis, estimula la imaginación para las distintas posiciones en el tablero antes de mover la pieza, por lo que hay que realizar un razonamiento lógico-matemático», señala Nebot, que también nos explica cómo el ajedrez permite al niño aprender a controlar sus sentimientos de frustración ante una mala jugada o una derrota y convertirlos en energía positiva para superar los errores cometidos y enfrentarse al próximo reto: «El control emocional con el sentido de transparencia, pues también se aprende a ser honesto e íntegro consigo mismo y con los que le rodean, hace que a medida que se va mejorando, se va incrementando la autoestima y se va teniendo más confianza para aprender y enfrentarse a otras situaciones», destaca este profesor que califica a este deporte como ejemplar para aprender a lograr la superación y el triunfo con el trabajo en equipo y la colaboración, aspectos imprescindibles en la vida actual.

Así pues, podríamos definir el ajedrez como el mejor juego que existe. El calificativo no es intrascendente y superficial, es absolutamente real. Un juego, cualquiera que sea, implica un reto para cualquier persona y, desde el punto de vista mental, el ajedrez es el mejor de todos.

Por esta razón, es también un deporte oficial en todos los países, como no lo es ningún otro juego cerebral que se conozca. Hay muchos deportes de ejercicios físicos corporales, sanos y divertidos. El cuerpo los usa para ser, verse y sentirse mejor. El ajedrez es el deporte de la cualidad más importante de los seres humanos, la inteligencia, la mente.

Una sencilla meditación nos puede hacer ver esto mejor. El ajedrez es el único juego no físico que tiene una federación internacional, la Fide, y hasta una Olimpiada propia. Ningún otro juego de inteligencia tiene ambas cosas. Esto último no es una casualidad. Su belleza, su latente habilidad mental, ha fascinado a todas las generaciones, perdiéndose en el tiempo y en la historia. Ha sobrevivido por encima de todos los juegos concebidos y muy difícilmente se creará uno mejor.

Pero esto no es todo. El ajedrez puede ser trascendente para la formación de una persona y por esa razón es más importante aún para los niños. Posee una capacidad educativa en general, sin importar etnia, lugar o cultura de donde uno provenga.

EL AJEDREZ ENSEÑA VALORES

Además de enseñar valores tan esenciales, muestra que la vida es un desafío, que los desafíos se enfrentan con razonamiento y con las técnicas adecuadas, llegando a ser un reto, no una riña ni pelea sino una competencia noble, pues el triunfo no es fácil ni inmediato ya que se logra teniendo todos los mismos recursos pero cada uno emplea su concentración y planificación y siendo conscientes de que la derrota no es una tragedia, ya que más bien te enseña a conocer tus errores y no repetirlos.

Todos estos buenos principios se pueden explicar, pero la mejor forma de aprenderlos es la misma práctica, y esta puede ser el juego del ajedrez. Más adelante, en la realidad, pasada la juventud, pueden y deben ser mejores y más felices personas.

El ajedrez enseña eso y mucho más… y en los Monegros está muy claro; las visitas de campeones como Karpov, Spassky, Topalov, Vallejo, el gran maestro FIDE e ilustre periodista Leontxo García y el actual profesor, Antonio Nebot, están logrando el renacimiento del ajedrez en una comarca que siempre ha sentido pasión por el «deporte-ciencia».

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